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Crecimiento débil, inflación persistente y empleo precario; la advertencia económica rumbo a 2026

  • Foto del escritor: César Esparza Ramón|BCNoticias
    César Esparza Ramón|BCNoticias
  • hace 2 horas
  • 5 Min. de lectura

La economía mexicana enfrenta un escenario de bajo crecimiento, alta informalidad y menor inversión productiva, con impactos directos en el comercio y la competitividad regional, particularmente en Baja California


• 55% de la población ocupada en México trabaja en la informalidad, lo que limita recaudación fiscal, productividad y protección social.

• Solo 9 centavos de cada dólar de inversión extranjera en Baja California corresponde a inversión nueva; el resto es reinversión de empresas ya instaladas.


Ensenada, Baja California

Febrero 13 del 2026


La economía mexicana transita hacia 2026 con señales de desaceleración estructural, presiones inflacionarias persistentes y un mercado laboral que no genera suficientes empleos formales para absorber a la población económicamente activa. Así lo expuso el economista Rubén Roa ante empresarios de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO) de Ensenada, durante la presentación Perspectivas Económicas 2026, donde advirtió que los riesgos macroeconómicos actuales no responden a coyunturas temporales, sino a desequilibrios de fondo que impactarán de manera directa al comercio organizado.


De acuerdo con el análisis presentado, México cerró 2025 con un crecimiento económico de apenas 0.7%, mientras que para 2026 el Banco Mundial proyecta un Producto Interno Bruto (PIB) de 1.3%, uno de los más bajos de América Latina. Esta tasa resulta insuficiente para generar empleo formal, sostener el consumo interno y consolidar un crecimiento económico de largo plazo, particularmente en un contexto donde el bono demográfico ya se agotó y la población jubilada comienza a incrementarse.


Roa explicó que, a diferencia de Estados Unidos, que mantiene expectativas de crecimiento superiores al 2%, México se encuentra creciendo por debajo del promedio regional, lo que lo coloca en una posición de vulnerabilidad frente a sus principales socios comerciales. Esta brecha, señaló, se traduce en menor capacidad para atraer inversión productiva y en un deterioro progresivo de la competitividad.


Uno de los factores centrales que presionan la economía es la inflación subyacente, que se mantiene elevada y es difícil de controlar. A diferencia de la inflación general, la subyacente refleja aumentos persistentes en servicios, colegiaturas, alimentos procesados, manufacturas y productos industrializados, lo que afecta de manera directa el poder adquisitivo de los hogares. Para enero de 2026, la inflación interanual se ubicó en 3.79%, y las proyecciones indican que la meta puntual de 3% del Banco de México no se alcanzará sino hasta 2027.


En este contexto, el Banco de México ha optado por una política monetaria restrictiva. La Junta de Gobierno anticipa únicamente dos recortes a la tasa de interés durante 2026, priorizando el control inflacionario sobre el estímulo al crecimiento. Roa subrayó que relajar prematuramente la política monetaria podría generar el impuesto más regresivo para la economía: la pérdida del poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos.


El tipo de cambio es otro de los elementos que generan distorsiones. Aunque el peso mexicano se mantiene fuerte, con niveles cercanos a 17 pesos por dólar, el economista aclaró que esta fortaleza no responde necesariamente a una solidez estructural de la economía nacional, sino a una estrategia comercial de Estados Unidos que busca debilitar su moneda para facilitar la colocación de productos en mercados emergentes. Esta situación reduce la competitividad del comercio fronterizo y afecta el consumo local, al incentivar la fuga de compradores hacia el sur de California.



De cara a 2026, Roa identificó varios factores de riesgo para el tipo de cambio, entre ellos la revisión del Tratado México–Estados Unidos–Canadá (TMEC), la política monetaria de la Reserva Federal, la volatilidad de los flujos de inversión y las fluctuaciones en los precios del petróleo. Alertó además sobre la posible exclusión del sector privado en las negociaciones comerciales, al eliminarse el esquema conocido como “el cuarto de al lado”, lo que limitaría la participación técnica de quienes operan diariamente las cadenas productivas.


El mercado laboral refleja con claridad estas tensiones. A nivel nacional, la informalidad laboral se mantiene entre 55% y 57% de la población ocupada, sin que existan políticas públicas efectivas para revertir esta tendencia. Aunque el salario mínimo ha registrado incrementos, Roa explicó que se ha producido un desplazamiento salarial, donde trabajadores que antes percibían cinco o tres salarios mínimos ahora se concentran en rangos de uno o dos salarios, sin un crecimiento proporcional del empleo formal.


En enero de 2026, el Instituto Mexicano del Seguro Social reportó 22.5 millones de empleos formales, una base limitada para una economía del tamaño de México. Además, entre diciembre y enero se perdieron más de 8 mil plazas, mientras que los registros patronales cayeron en más de 5 mil unidades, acumulando 19 meses consecutivos de contracción. Esta tendencia anticipa una menor capacidad de generación de empleo en el corto y mediano plazo.


En Baja California, el panorama es aún más complejo. Durante 2025 se perdieron más de 21 mil empleos formales, principalmente en la industria manufacturera de exportación. La informalidad laboral, que durante años fue la más baja del país, se elevó hasta 37.2%, mientras que las vacantes industriales se redujeron 50% respecto al año previo. El encarecimiento de la nómina, con incrementos de hasta 47% en costos laborales, ha presionado a las empresas y frenado nuevas contrataciones.


La inversión privada también muestra señales de debilidad. A nivel nacional, la formación bruta de capital fijo registra una tendencia a la baja, tanto en inversión privada como pública. En el ámbito fiscal, el déficit público cerró 2025 en 4.8% del PIB, por encima de la meta original, mientras que la inversión pública cayó a su nivel más bajo desde 2007. Pese a una recaudación récord de 5.3 billones de pesos, el problema, señaló Roa, no es la falta de recursos, sino su asignación.


En el caso de Baja California, la inversión federal en infraestructura per cápita se redujo de manera significativa durante el sexenio anterior, al concentrarse el gasto en megaproyectos del sur del país. Aunque el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 muestra señales de recuperación, con incrementos en inversión física transferida y gasto federalizado, el rezago acumulado sigue afectando la conectividad, la logística y la competitividad regional.


La inversión extranjera directa en el estado mantiene un patrón concentrado en reinversión. Más de 1,800 millones de dólares anunciados corresponden principalmente a empresas ya establecidas, como Toyota, Sempra y otras corporaciones, mientras que solo 9% representa inversión nueva o greenfield. Esta estructura limita la creación de nueva capacidad productiva y la generación de empleos adicionales.


Ante este escenario, Roa planteó que Ensenada enfrenta el reto de diversificar su economía. A diferencia de Tijuana y Mexicali, altamente concentradas en manufactura, Ensenada cuenta con una base más amplia que incluye turismo, vitivinicultura, pesca, acuacultura y logística portuaria. No obstante, advirtió que estas ventajas requieren inversión en infraestructura, seguridad, servicios públicos y desarrollo de talento para consolidarse como un polo económico resiliente.


El comercio local, añadió, deberá adaptarse a un consumidor más digitalizado, con estrategias de omnicanalidad, compras híbridas y experiencias personalizadas. Asimismo, destacó oportunidades en la proveeduría industrial, el turismo del Valle de Guadalupe, los servicios portuarios y la integración de cadenas de valor locales, siempre que exista coordinación entre el sector privado y los distintos niveles de gobierno.


Finalmente, el economista subrayó que 2026 será un año decisivo. La revisión del TMEC, la disciplina fiscal, la inversión en infraestructura y la recuperación de la confianza empresarial definirán si México y regiones como Baja California logran romper el ciclo de crecimiento débil o permanecen en un escenario de estancamiento prolongado. Para el comercio de Ensenada, concluyó, la información y la adaptación serán determinantes para enfrentar un entorno económico cada vez más exigente.

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